Ejercicio y salud mental: cuánto moverse y por qué ayuda

La actividad física beneficia al cuerpo y también al ánimo. Repasamos las recomendaciones de la OMS y cómo empezar sin agobios.

Contenido informativo: no sustituye la valoración de un profesional sanitario.

Moverse es bueno para el corazón, los huesos y los músculos, pero también para la mente. La actividad física regular se asocia con un mejor estado de ánimo, menos estrés y un mejor sueño. No es una cura milagrosa ni sustituye al tratamiento cuando hace falta, pero sí es una de las herramientas más accesibles para cuidar el bienestar emocional.

Qué recomienda la OMS

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen al menos entre 150 y 300 minutos a la semana de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, o una combinación equivalente. Además, aconseja ejercicios de fortalecimiento muscular de los grandes grupos musculares al menos dos días por semana, y limitar el tiempo sedentario.

Estas cifras son una referencia general. Si hoy no haces nada, cualquier cantidad es mejor que ninguna, y puedes ir aumentando poco a poco.

Cómo puede ayudar al ánimo

El ejercicio puede influir en el bienestar de varias maneras:

Los servicios de salud públicos, como el NHS británico, incluyen la actividad física entre las recomendaciones habituales para el bajo estado de ánimo y la ansiedad leve.

Qué cuenta como actividad

No hace falta ir al gimnasio. Cuenta caminar a paso ligero, ir en bici, subir escaleras, bailar, nadar, jugar con los niños, hacer tareas del hogar activas o practicar un deporte. Lo mejor es lo que puedas mantener: una actividad que te guste tiene muchas más probabilidades de convertirse en hábito.

Cómo empezar sin agobiarte

Precauciones

Si tienes una enfermedad cardiaca o respiratoria, diabetes, problemas articulares, estás embarazada, llevas mucho tiempo sin hacer ejercicio o tienes dudas, consulta con tu médico antes de aumentar de forma importante la actividad. Escucha a tu cuerpo: el dolor agudo, el mareo o la falta de aire inusual son motivos para parar.

También conviene vigilar la relación con el ejercicio. Si te genera culpa, ansiedad o te obliga a entrenar pese a lesiones o malestar, o si se mezcla con una preocupación excesiva por el peso o la alimentación, habla con un profesional.

Qué no puede hacer el ejercicio

Moverse ayuda, pero no sustituye a un tratamiento cuando existe depresión, un trastorno de ansiedad u otro problema de salud mental. Si llevas semanas con ánimo bajo, ansiedad intensa o dificultades para realizar tu vida diaria, consulta con tu médico de familia o con un psicólogo. El ejercicio puede acompañar el tratamiento, no reemplazarlo.

Un plan sencillo para la primera semana

Camina diez minutos al día durante cinco días y anota cómo te sientes. En la segunda semana, sube a quince. Dentro de un mes tendrás un hábito, y quizá notes que dormir, concentrarte o tolerar el estrés te cuesta un poco menos.

Fuentes y lecturas recomendadas