Comunicación asertiva: decir lo que piensas con respeto
Ni callarse ni imponer: la asertividad es expresar lo que necesitas con claridad y respeto. Ejemplos y pasos para practicarla en el día a día.
Hay quien evita decir lo que piensa por miedo al conflicto, y quien se expresa de forma tan brusca que acaba generando enfrentamientos. Entre ambos extremos existe un estilo que ayuda a relacionarse mejor: la comunicación asertiva. Consiste en expresar necesidades, opiniones y límites con claridad y respeto, tanto hacia los demás como hacia uno mismo.
Tres estilos de comunicación
- Pasivo: se evita dar la opinión, se dice «sí» para no molestar, se acumula malestar. A largo plazo suele generar resentimiento y baja autoestima.
- Agresivo: se impone la propia postura sin respetar a los demás, con gritos, sarcasmo, acusaciones o amenazas. Puede conseguir resultados a corto plazo, pero deteriora las relaciones.
- Asertivo: se expresa lo que se piensa y se necesita de forma directa y respetuosa, y se escucha al otro. Busca el acuerdo sin renunciar a uno mismo ni pasar por encima de nadie.
Existe además el estilo pasivo-agresivo, que no dice las cosas de frente pero las expresa con indirectas, silencios o ironía, y que suele generar confusión y tensión.
Qué es la asertividad y qué no
Ser asertivo no es salirse siempre con la suya ni decirlo todo sin filtro. Tampoco significa no sentir miedo o nervios. Significa elegir la manera de expresarte teniendo en cuenta tus derechos y los de la otra persona. Y es una habilidad: se aprende y se entrena.
Técnicas útiles
- Mensajes en primera persona: «me siento agobiado cuando se cambian los planes sin avisarme» comunica mejor que «eres un desconsiderado».
- Describir hechos, no etiquetas: «has llegado tarde tres veces esta semana» es más concreto que «nunca eres puntual».
- Expresar lo que necesitas: «me gustaría que me avisaras con antelación».
- Escuchar de verdad: resumir lo que ha dicho la otra persona antes de responder reduce malentendidos.
- El disco rayado: repetir con calma tu mensaje si el otro insiste, sin justificarte de más.
- Decir no con amabilidad: «gracias por pensar en mí, esta vez no puedo».
- Pedir tiempo: «déjame pensarlo y te contesto mañana» evita responder por presión.
- Cuidar el cuerpo: tono sereno, volumen moderado y mirada tranquila refuerzan el mensaje.
- Elegir el momento: hablar cuando ambos estéis calmados, no en pleno enfado.
Ejemplos
- En el trabajo: «Tengo esta prioridad y esta otra; si me encargo de lo nuevo, tendré que retrasar lo anterior. ¿Cuál prefieres que haga primero?».
- En pareja: «Me gustaría que habláramos de cómo repartimos las tareas, porque me siento sobrecargado».
- En la familia: «Os quiero y quiero veros, pero este domingo necesito descansar».
Cómo practicarla
Empieza con situaciones de poco riesgo, como pedir algo en una tienda o decir que prefieres otra opción. Después, aplícalo en situaciones más difíciles. Puedes ensayar frases por escrito o en voz alta, y revisar después qué salió bien. Es normal sentir incomodidad al principio.
Cuando no es sencillo
Si te resulta casi imposible expresarte por miedo intenso, si tu entorno responde con agresividad o desprecio, o si arrastras experiencias dolorosas de rechazo, un psicólogo puede ayudarte a trabajar la asertividad y la autoestima. Si hay amenazas, humillaciones, control o miedo, no se trata de un problema de comunicación sino de una posible situación de abuso: en España, el 016 atiende a víctimas de violencia de género, y el 112 es el número de emergencias.
Para terminar
Comunicarte con asertividad no garantiza que los demás respondan como quieres, pero sí que tú te expresas con respeto y sin traicionarte. Con práctica, suele reducir el resentimiento, aclarar las relaciones y, sobre todo, mejorar cómo te sientes contigo mismo.