El estigma en la salud mental: por qué frena la ayuda y cómo combatirlo
El miedo al qué dirán hace que muchas personas no pidan ayuda. Entiende qué es el estigma y qué puedes hacer tú para reducirlo.
Muchas personas con problemas de salud mental tardan meses o años en pedir ayuda. A veces no es por falta de recursos, sino por miedo: miedo al juicio de los demás, a que les consideren débiles o a que les traten diferente. Ese miedo tiene nombre: estigma. Entenderlo es el primer paso para reducirlo.
Qué es el estigma
El estigma son las actitudes negativas, los prejuicios y los estereotipos hacia las personas con problemas de salud mental. Puede manifestarse de tres formas:
- Estigma social: los prejuicios y la discriminación que ejercen otros, como bromas, rechazo o desconfianza.
- Autoestigma: cuando la propia persona asume esos prejuicios y se ve a sí misma como débil, defectuosa o culpable.
- Estigma estructural: obstáculos en instituciones, empleo, vivienda o servicios que dificultan la plena participación.
Por qué hace daño
Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos mentales son frecuentes en todo el mundo, y el estigma y la discriminación siguen siendo barreras importantes para que las personas busquen y reciban atención. Puede llevar a ocultar el malestar, retrasar la consulta, aislarse o abandonar un tratamiento, y a que el problema se agrave.
Mitos habituales
- «Es una cuestión de voluntad»: los problemas de salud mental no se resuelven con fuerza de voluntad más que cualquier otro problema de salud. Tienen causas diversas, biológicas, psicológicas y sociales.
- «Las personas con problemas mentales son peligrosas»: la gran mayoría no es violenta, y es más probable que sean víctimas que agresoras.
- «Nunca se recuperan»: muchas personas se recuperan o aprenden a convivir con su problema con apoyo y tratamiento adecuados.
- «Pedir ayuda es de débiles»: pedir ayuda requiere valentía y es una forma de cuidarse.
- «A mí no me puede pasar»: los problemas de salud mental pueden afectar a cualquiera, a lo largo de la vida.
Qué puedes hacer tú
- Cuida tu lenguaje: evita usar como insultos o bromas términos como «loco», «bipolar» o «psicópata», y usa expresiones que describan a la persona antes que al diagnóstico.
- Escucha sin juzgar: si alguien te cuenta cómo se siente, agradece su confianza y evita minimizar con frases como «anímate».
- Informate con fuentes fiables: organismos de salud y colegios profesionales ofrecen información rigurosa.
- Habla de ello: compartir tu propia experiencia, si te sientes cómodo, ayuda a normalizarla.
- No generalices: cada persona vive su problema de manera distinta.
- Apoya el acceso a ayuda: acompaña a quien lo necesite, y respeta sus decisiones.
- Cuestiona los prejuicios que oigas, con calma y con datos.
Si el estigma te afecta a ti
- Recuerda que no tienes la culpa: un problema de salud mental no habla de tu valía.
- Elige a quién contárselo: no tienes obligación de contarlo a todo el mundo, pero conviene tener al menos a una persona de confianza.
- Busca apoyo entre iguales: grupos y asociaciones permiten ver que no estás solo.
- No dejes que el miedo retrase la consulta: un profesional guarda el secreto profesional y está acostumbrado a atender estos problemas.
- Trátate como tratarías a un amigo: si dudas de ti, ¿qué le dirías a alguien querido en tu situación?
En el trabajo
Muchas personas temen hablar de salud mental en su empresa. Si necesitas ajustes o una baja, conviene hablar con el médico y valorar a quién informar y cuánto. Las organizaciones pueden reducir el estigma con una comunicación respetuosa, formación a mandos y adaptaciones razonables.
Cuándo no esperar
Si tú o alguien cercano piensa en hacerse daño, no dejes que el miedo a lo que digan retrase la ayuda. Llama al 112 en caso de peligro, acude a urgencias o llama a la línea 024, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas.
Para terminar
El estigma pierde fuerza cada vez que se habla de salud mental con naturalidad. Cada conversación respetuosa, cada consulta que alguien se atreve a pedir y cada prejuicio cuestionado contribuyen a que pedir ayuda sea más fácil para todos.