Ataque de pánico: cómo reconocerlo y qué hacer

Un ataque de pánico asusta, pero no es peligroso en sí mismo. Descubre sus señales, qué hacer durante la crisis y cuándo consultar.

Contenido informativo: no sustituye la valoración de un profesional sanitario.

Un ataque de pánico es un episodio repentino de miedo muy intenso que viene acompañado de síntomas físicos fuertes. Muchas personas lo viven por primera vez creyendo que sufren un infarto o que van a perder el control, y acaban en urgencias. Conocerlo ayuda a reducir el miedo.

Cómo se manifiesta

Los síntomas pueden variar de una persona a otra, pero con frecuencia incluyen:

El episodio suele alcanzar su máxima intensidad en pocos minutos y después va remitiendo, aunque puede dejar agotamiento y miedo a que se repita.

Por qué ocurre

Un ataque de pánico es una activación muy intensa de la respuesta de alarma del cuerpo, la misma que nos prepara para huir o luchar, pero disparada sin que exista un peligro real. Es desagradable y aterrador, pero por sí mismo no suele provocar daño físico. Eso no significa que haya que descartar causas médicas: la primera vez conviene que te valore un médico.

Un ataque aislado no equivale a un trastorno. Muchas personas tienen uno o dos a lo largo de su vida, a menudo en periodos de mucho estrés. Se habla de trastorno de pánico cuando los ataques se repiten de manera inesperada y la persona vive con miedo constante a que vuelvan, o cambia su conducta para evitarlos.

Qué hacer durante una crisis

Algunas pautas generales que suelen recomendar las guías de salud:

Luchar contra el ataque o intentar suprimirlo suele aumentar la tensión. Aceptar la sensación y dejar que baje es más eficaz que pelearse con ella.

Cuándo acudir a urgencias

Si es la primera vez que te ocurre, si los síntomas son muy intensos, o si tienes dolor opresivo en el pecho, antecedentes cardiacos o dudas sobre si es un problema físico, busca atención médica. Ante una emergencia, llama al 112. No es exagerar: descartar un problema cardiaco o de otro tipo es siempre una decisión razonable.

Después de la crisis

Cuando los ataques se repiten o empiezas a evitar lugares, actividades o situaciones por miedo a tener otro, conviene consultar con tu médico de familia o un profesional de salud mental. Los tratamientos psicológicos, en especial la terapia cognitivo-conductual, tienen buena evidencia para el trastorno de pánico, y en algunos casos el médico puede valorar también medicación.

Mientras tanto, cuida lo básico: duerme con regularidad, limita la cafeína y el alcohol si notas que empeoran los síntomas, haz algo de ejercicio y practica a diario una técnica de respiración o de relajación, no solo cuando te sientas mal. Hablar del tema con personas cercanas también quita peso a la vergüenza que muchas personas sienten.

Fuentes y lecturas recomendadas